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Nueva receta médica: baño de bosque

sábado, 12 de julio de 2014 12:11 / Adela Jiménez. Foto: Luis Domingo.

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Recientes investigaciones han demostrado que la memoria y la atención mejoran alrededor de un veinte por ciento tras sólo una hora de interacción con la naturaleza. Además, en experimentos con ratones a los que se suministró la bacteria Mycobacterium vaccae -que está de forma natural en la tierra y que inhalamos cada vez que paseamos por un entorno natural- se observó una influencia positiva en su aprendizaje.

Albert Einsten paseaba a diario por los bosques del campus de Princeton. Hace más de dos mil años los taoístas chinos crearon huertos e invernaderos para mejorar la salud y muchos momentos de gran agudeza mental se asocian a estados de máxima relajación del cerebro.

Según la “teoría de las partes sueltas”, cuantas más hay en un entorno tanto más creativo es el juego. En la naturaleza el número de partes sueltas es ilimitado y están muy interrelacionadas. Esta exposición estimula la sensibilidad a las pautas que subyacen a toda experiencia. Desarrolla la capacidad de acceder a los componentes básicos de la vida, ¿es casualidad que un caracol y la vía láctea compartan estructura en espiral?

Fuera de la burbuja electrónica, la naturaleza salvaje exige un uso mejor de los sentidos. La desconexión del mundo natural los embota y debilita. Por ejemplo, en el caso de la vista, pasar tiempo al aire libre ejercita los ojos para enfocar a distancias largas.

Penetrar en la paz del entorno natural reconecta mente y cuerpo, repercutiendo positivamente en la salud física y mental. El reencuentro con el mundo natural nos hace sentirnos plenamente vivos. El placer de estar vivo se intensifica cuando debes estar atento para seguir con vida. Ganamos vida mirando a la vida. Si vemos seres vivos no nos sentimos como si viviéramos en el vacío.

El profesor E.O. Wilson describe la biofilia como la conexión emocional innata con otros organismos vivos. A un nivel que no comprendemos del todo, el organismo humano necesita la experiencia directa con la naturaleza. Los resultados de algunas encuestas revelan que los sonidos que la gente asocia con sus sitios preferidos son el del agua, el viento, el del silencio, el de los pájaros… Y los olores más mencionados son el de la tierra, el del agua y las flores.

La naturaleza nos recuerda lo simple y asequible que es la vida, ayudándonos a desarrollar el sentido de humildad que exige la verdadera inteligencia humana. ¿Necesitamos más argumentos?

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