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Un innovador tratamiento de las semillas podría aumentar la producción mundial de alimentos

lunes, 18 de febrero de 2013 17:14

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La población mundial podría alcanzar en 2050 los 9.000 millones, un crecimiento que plantea perspectivas preocupantes para la agricultura y la ganadería. En la actualidad el 15% de la población pasa hambre, vive en la pobreza y depende precariamente de la agricultura. Las semillas transgénicas podrían establecerse como una solución al problema, pero el debate sobre su empleo dura ya más de tres décadas. El tratamiento químico de las semillas para evitar plagas también resulta controvertido. Sin embargo, la solución podría venir de un equipo de científicos que ha desarrollado un método innovador para eliminar patógenos sin necesidad de modificar genéticamente la semilla ni contaminar el medio ambiente con sustancias químicas. Agricultura FAOCientíficos del Instituto Fraunhofer de Tecnología de Plasma y Radiación de Electrones (FEP) de Dresde (Alemania) han desarrollado un método respetuoso con el medio ambiente para eliminar gérmenes de las semillas. Su sistema consiste en aplicar a las semillas un tratamiento con electrones que destruye en cuestión de milisegundos el ADN de los organismos dañinos. Gracias a una configuración especial del dispositivo, las partículas elementales sólo actúan sobre la superficie y la cubierta de la semilla, por lo que no afecta ni al embrión ni a la capacidad de germinación.

«El cambio climático ha provocado que aumente la incidencia de agentes bacterianos meridionales en la semilla de cereal y para éstos aún no se han diseñado agentes químicos. Sin embargo, nuestro tratamiento con electrones acelerados a baja energía resulta efectivo contra los patógenos bacterianos y fúngicos. Además los patógenos no son capaces de generar resistencia contra este proceso», explicó Frank-Holm Rögner, director de departamento en el FEP. Dado que el equipo no emplea aditivos químicos, la destrucción de los patógenos se produce de una manera respetuosa con el medio ambiente. Las semillas que no se siembran pueden utilizarse para el consumo sin que representen peligro alguno para la salud.

Los científicos confían en que este tratamiento nuevo llegue a buen puerto y contribuya a que los agricultores demuestren su compromiso con la reducción de la huella de carbono y el empleo de plaguicidas químicos.

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